Literatura y algo más














lunes, 3 de noviembre de 2014

Chéjov sin desperdicio



¿Quién es este tipo con cara de homme fatal? Pues nada más y nada menos que Chéjov (1860-1904), viéndolo así, a simple vista,se rompen los tópicos del genio con cara de loco, era un genio, claro, pero que buena percha tenía.

Me acabo de leer un libro de las correspondencias que mantuvo Chejov -sobre literatura- con familiares, amigos, discípulos y colegas; y la verdad es que lo he disfrutado muchísimo. Los textos no tienen desperdicio, y todo lo que se dice en ellos es no sólo importante, sino que se transmite con una brillantez arrolladora.

Chéjov fue un escritor muy prolífico, y con sólo 44 años de vida, el total de su correspondencia conseguida alcanza los 12 volúmenes "Im-presinante", dirían algunos.En el libro "Consejos a un escritor", de Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, sobre el cual escribo, recoge cerca de 200 cartas de Chéjov. Todas con material que hace honor a su autor:detrás de la brevedad se erige un mundo de sabiduría.

Hay unas líneas que me han gustado especialmente, se las dirige a su hermano Alexánder P. Chéjov -quien también quería ser escritor- a propósito de unos textos que le ha enviado:

"¡Respétate a ti mismo, por el amor de Dios, deja las manos quietas cuando el cerebro esté perezoso!(...)No imagines sufrimientos que no hayas experimentado y no dibujes cuadros que no hayas visto, pues la mentira en un cuento es mucho más aburrida que en una conversación.¿Has escrito al menos alguna cosa que te llevase más de una noche? (...)¡Para ti la literatura no constituye un trabajo, pero sí lo es! Si fueras una persona honesta, te sentarías con un cuento(de ciento cincuenta o doscientas líneas) durante cinco o siete días, entonces sí saldría algo. No te reconocerías en tus líneas, así como ahora no te reconoces en un espejo".

Y termina citando en la carta unas palabras que le ha escrito Grigoróvich: "Para eso hace falta respeto al talento, que es tan raro. Guarde sus impresiones para un trabajo meditado, elaborado, que no haya escrito de un tirón...Enseguida obtendrá un premio y se situará en un punto visible a los ojos de las personas sensibles y luego de todo el público lector".

Esto es sólo una pincelada, y es que de los grandes cuesta hacer comentarios pequeños, pero como decía otro literato " Lo bueno, si breve, dos veces bueno". Así que los dejo con la miel en los labios... ¿de Chéjov?.

miércoles, 2 de abril de 2014

Simbiosis

Escribí esto al leer un día un artículo que decía que con la crisis había una proliferación de anuncios en los que la gente intercambiaba habitación y comida por sexo, en fin, lo que pueda decir sobra, definitivamente la realidad muchas veces supera a la ficción...

"Después de un duro día de trabajo Clara ha ido al cajero. Mientras teclea su clave secreta maldice tantos estudios en su haber . El hecho es que es el día 30 del mes le han depositado su inconfesable nómina, pero ya la mayoría de ésta se ha ido al sacar el dinero para pagarle a su casera. Piensa que mientras más estudia, peor le va, y se acuerda del titular que leyó alguna vez en una revista de las llamadas femeninas: Ponte guapa, usa minifaldas, desabrochate el botón… eso te hará escalar más posiciones que cualquier Master en promoción.

Está atrapada en un círculo vicioso, invierte parte del poco dinero que tiene en un curso de alemán, para mejorar laboralmente. Pero al pagar la cuantía de éste se queda sin dinero a mitad de mes. La última vez tuvo que pedirle unos cuantos euros al portero que es simpaticón con ella. El señor se quedó a cuadros. Y le dio 20 euros, no es que fuera mucho, pero ya por lo menos se podría pagar el ticket del metro.

Compra el periódico, desde hace meses intenta cambiar de trabajo, sin ningún resultado. De pronto hojeando las páginas de alquiler salta un anuncio hasta sus ojos: “Alquilo habitación a cambio de prestaciones sexuales". Cierra el periódico y después de unos segundos lo tira a la basura.

Al día siguiente de ver ese anuncio tiene una megabronca con su jefa. La jefa es una tipa bastante mala en todos los sentidos, que no soporta ver a la gente feliz. Clara no lo es, pero siempre pone buena cara, así que la cabrona de la jefa piensa que le va de puta madre y le hace la vida imposible. De pronto comienza a machacharla, como de costumbre, por una tontería, ya son tantas las excusas para humillarla que Clara siempre la oye sin escucharla. El caso es que la jefa en un momento dado le sube mucho la voz, casi le está gritando y es cuando Clara le espeta en voz bastante alta: “Eres una loca, háztelo mirar, tienes una patalogía, y de las gordas, ¡Gorda!”. A la media hora tiene una carta en su mano. Está depedida.

Llega a su casa, sin ningún tipo de sentimiento definido. Se mete en internet y recuerda el anuncio del día anterior, teclea en el buscador algunas palabras clave: alquiler, habitación, sexo; y para su sorpresa se depliega todo un mundo de posibilidades. Después de leer muchos anuncios se decide a escribirle a uno:
"Estoy buscando piso y me gustaría saber más detalles sobre tu oferta. ¿Cuántos años tienes? ¿Vives solo? ¿Sería totalmente gratis?¿Cuántas veces a la semana tendríamos que follar? ¿Te pondrías preservativo? ¿Habría que hacer algo fuera de lo normal? Es decir fuera de follar a la manera tradicional o te van otras cosas".

A lo que Hero85, contesta: "Sí, vivo sólo, todo sería totalmente gratis, incluído los gastos. A cambio tendrías que acostarte conmigo, claro. No te preocupes, nada excesivo ni extremo, yo pienso en dos o tres veces a la semana, lo normal ¿no?. Y hombre, a quién le amarga un dulce, en principio sí, sería follar de manera tradicional, pero si te animas a algo más, a mí no me molestaría. Por supuesto que utilizaré preservativo".

Carmelo, otro de los ofertantes, es más exigente: "Mi casa está cerca del metro de Argüelles. No tendrías que pagar nada, solamente tendrías que tener relaciones sexuales conmigo. Tengo 36 años y estoy trabajando, pero antes me gustaría que me enviaras unas fotografías tuyas, ya que he recibido bastante e-mails y tengo que elegir a una de vosotras".

El correo de Clara se llena en poco tiempo con la información que desea saber. Pedro es uno de los chicos que le envían su teléfono a la primera, sin pedirle más detalles, más información acerca de ella. Ofrece una habitación en el barrio madrileño de Salamanca y promete cama y comida a cambio de unos cuantos encuentros semanales. Después de la llamada ese mismo fin de semana quedan en un café, para la entrevista. Discuten sobre los detalles del tipo de sexo, así como de las normas de convivencia, pero Clara no está de acuerdo. El chico vive en un piso compartido y pretende meterla en su habitación.

Finalmente recibe un mensaje de Hero85, ha sido la elegida, quedan para cerrar el trato. Él es un tipo guapo, sonriente, y a Clara le sorprende su aspecto normal. Podría ser un chico de barrio cualquiera, uno de esos que le hace la cena a la abuelita de vez en cuando y que incluso ayuda a su hermanito con los deberes de matemática. Se expresa de manera elocuente y tiene un vocabulario de lo más extenso. Su actitud es educada y parece comprensivo con las dudas que muestra Clara.
Cierran el trato. Se dan la mano cordialmente y se despiden con un beso en la mejilla. El lunes a las 20:00 horas Pablo –así se llama-, esperará a Clara en su casa. Ella dejará sus cosas, y luego, si no está muy cansada tendrán su primer encuentro en su nueva casa".

miércoles, 16 de octubre de 2013

El piano navegante


Tengo un piano navegante, estuvo conmigo desde los ocho años hasta los dieciséis, cuando lo dejé, supuestamente de manera provisional mientras terminaba el bachillerato. No volví a tocar una tecla, el piano me gustaba, pero no estaba "enamorada" de él, no era una verdadera vocación.

Años después el piano vino en barco a casa de mis sobrinas desde Caracas a Madrid, mis padres lo enviaron; me lo imagino entre marineros, como los de Moby Dick, atravesando el atlántico, para llegar a otro continente tan diferente al de"él".

Y es que para mí el piano era "él", mi compañero de juegos, de soledades, reflexiones, descubrimientos, me enseñó un espectro de sensaciones que de otra manera hubiera sido inalcanzable para una niña, y supongo que a partir de ahí, me hizo tener o me hizo ser "al más puro estilo musical". Comencé a admirar lo suave, lo sutil, a captar los matices de las cosas, incluyendo el de las personas, moldeó en mí una sensibilidad o ¿hipersensibilidad? que hoy en día agradezco, aunque no sé si me beneficia o perjudica.

Pero a lo que voy, el piano navegante tenía un gemelo, de exacta hechura y marca, en el que recibía clases en el Conservatorio. Mi profesora me decía que por qué no tocaba con más fuerza, y yo le respondía, que el piano, su piano, el piano, se parecía mucho al que había en mi casa, y que después de tantísimas horas al día de estar con "él", eso de "golpearlo", no sé, como que no podía.

La profesora empezó a llevar pegatinas a clase como premio, y por cada lección que hacía bien me regalaba una; eran unas pegatinas de autoayuda, consistían en una serie de animales de todo tipo; por ejemplo, la primera que me dio era de una foca que jugaba con una pelota, y de manera circular le rodeaba un mensaje que decía "Nunca te rindas".

Cuando vi las pegatinas me quedé "a cuadros", y pensé, "algo no va bien", y a día de hoy creo que sé lo que le pasó a la pobre mujer por la cabeza. Seguramente al ver que yo sentía compasión por el piano habrá pensado: "Dios mío, a esta niña los espartanos la hubieran echado a los tiburones, como siga así, durará dos telediarios". No es que las pegatinas me hayan cambiado demasiado, pero le agradezco el gesto y la intención.

Ya no me lamento por el piano, ni siento compasión por "él"; pienso que ha navegado y que ha vivido una bonita aventura. Ya nadie lo toca, pero creo que quizá necesite un descanso, ya ha cumplido su función en la vida de más de uno. Hacia allá vamos todos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Primeras veces


La primera vez que me enamoré de un hombre mayor; 9 años, era mi profesor de matemáticas del cole, nos enamoramos, yo de él, y él de otra, la profesora de ciencias sociales. La primera escena de película que me impresionó: Simplicio, una película venezolana, tendía como 7 años, momento: cuando el niño protagonista resbala estampa la cabeza en las piedras de la playa sale un sangrero espeluznante y muere, creo que es lo más triste que he visto en mi vida, hasta hoy.

Primer libro que me hizo quererlos "Memorias de un burrito", tendría como 9 años, era un poco deprimente, porque se trataba de las desgracias que capítulo a capítulo tenía que vivir un burro que iba cambiando de dueños, pero curiosamente, me gustó. Primera película en la que me quedé dormida, 7 años aprox.,"La Guerra de las Galaxias", la primera que vi en mi vida, 6 años "Grease", me enloqueció, salí bailando. La primera vez que una ciudad me maravilló, me enamoró, Londres, cuando viví allí durante 2 meses y medio en 1994, a pesar de haber viajado duranre todo mi vida junto a mis padres, ningún sitio me había gustado tanto.

La primera vez que me enamoré de verdad, a los 19. La primera vez que soy realmente feliz junto a alguien -en plan pareja-, ahora. Nunca es tarde.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Bendecida



Bendecida por tus ojos, que me miran donde quiera que vaya; bendecida por tus manos, que me tocan llenándome de luz, bendecida por tu cuerpo, que se une siempre al mío, bendecida por tu sangre, que navega a través de mí.

Bendecida por tu voz, que oigo a través del repicar de campanas, bendecida por tus reinos, que no paran de enseñar las maravillas que han hecho otros por ti, bendecida por tu calor, que me arrulla cuando tengo frío. Bendecida para siempre y tú por siempre bendito en mí.

lunes, 29 de agosto de 2011

En el presente

Este es el último episodio de mi Capítulo "regresivo" en el blog. Ahora a dedicarme al presente, que tengo dos proyectos bastante verdes que debo hacer crecer y madurar. Mi último "episodio regresivo" es una canción de Evio di Marzo, un músico venezolano y su canción "¿De dónde viene tu nombre? que me gustaba cuando era adolescente.


domingo, 10 de julio de 2011

Conjuros de amor: la magia de la literatura


No me gusta la literatura por sesuda, sino por mágica. El primer ejemplo que me viene a la cabeza es un párrafo de "El Guardian entre el Centeno" y una conversación entre el adolescente protagonista Holden Caulfield y su hermanita Phoebe cuando ella le pregunta qué le gusta, qué quiere, o qué espera de la vida (bueno no se lo pregunta así exactamente, pero esa es la esencia de la cuestión), y es ahí cuando la pluma mágica se Salinger escribe lo siguiente:

"-¿Te acuerdas de esa canción que dice,"Si un cuerpo agarra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno..."?
-Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno"- dijo Phoebe-. Es un poema. Un poema de Robert Burns.
- Ya sé que es un poema de Robert Burns.
Tenía razón. Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno". Pero entonces no lo sabía.
-Creí que era"Si un cuerpo agarra a otro cuerpo"-dije-[dice Holden]. Bueno, pues muchas veces me imagino que hay un montón de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo.Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo al que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardíán entre el centeno..."

No sé si fue en la época en que leí el libro, pero cuando llegó este párrafo a mí, me llevó a recovecos extraños y me hizo experimentar emociones muy intensas. Un parrafo sencillo, pero de una ternura y profundidad tal, que mas que una obra literaria me pareció un conjuro mágico de amor.