
Hay días en que de repente todo te parece mejor, y te alegras más que nunca de estar,de no darle la espalda al exterior, pues ya nada te aturde. Mi fin de semana comenzó el viernes 26 con un encuentro con la música: amor, subidón, ganas de arreglar el mundo ajeno y propio. Siguió el sábado, visita a las sobris, hermosas y cada día más ellas mismas, exquisitas, acuchables,el amor en estado puro, y justo en ese momento le ves sentido a todo. Y entonces te reafirmas, te aceptas con tus más y tus menos, con tus rachas de suerte o de las siete plagas y como dicen los héroes del silencio "Te sientes tan fuerte que nada te puede tocar". Domingo, veo a mi adorada Alicia, aprendo, aprendo, aprendo y me pregunto si Lewis Caroll escribió su obra para ella en otro tiempo en el que fuera otra sin serlo. Canto una canción de cuna, invoco al futuro, ese que intento ver cada día para otros tras soles y torres, bastos y espadas. Y traigo el después al ahora y me veo gestando, gestando una versión mejorada de mi misma y de mi amor profundo. Y pido felicidad para los que están por venir, dejo espacio para los futuribles, fuerzas para seguir siempre adelante con la misma alegría infinita aunque no esté "subidón".