Llega la Navidad, las luces iluminan las calles, la música irrumpe en todas partes y los comercios se visten de fiesta. Pero también hay otra realidad.Cada vez los contrastes se hacen más patentes, y mientras se estrena en Madrid el musical de "Los Miserables", no nos hace falta entrar en ninguna sala de teatro para ver en vivo y en directo como aumenta la miseria en nuestras calles.
Desde hace tiempo se vienen publicando artículos que advierten que desde que comenzó la crisis han aumentado los suicidios, y la razón que apuntan es que se ha dejado excluída a muchísima gente, en la etapa más productiva de su vida, y sólo le han dejado un par de opciones: no hacer nada, o entregarse a algún trabajo precario cobrando en negro un sueldo simbólico.
Precariedad versus tirar la toalla
Y por otra parte, vemos a miles de inmigrantes que en su momento vinieron para escaparse de una realidad terrible y ahora se encuentran en una igual o peor, "el sueño español" se ha hecho añicos y van poco a poco regresando a sus países con las ilusiones machacadas. Las condiciones extremas ya no son sólo exclusividad de una etnia, sino que se han ido apoderando de muchos en una sociedad que pretende seguir disfrazada, en la que la premisa general parece ser: "Si yo estoy bien, todo está bien".
Soluciones alternativas
Mientras tanto uno de los pocos negocios que no está en crisis es el del tarot telefónico. ¿A alguien le extraña? Cuando se han agotado todas las posibilidades de que algo o alguien terreno ayude, desde que el hombre es hombre, éste ha echado mano a lo sobrenatural. Y sin ánimos de entrar a juzgar este tipo de negocios nos preguntamos cómo es que han dejado a tanta gente olvidada y de la mano de la providencia.
Cuento de navidad
Pero que no cunda el pánico, no es nuestra intención, entre los elementos que nunca faltan en las navidades está el cuento de Charles Dickens, que narra las peripecias de Mr.Scrooge, y cómo se tiene que ver la cara con tres espíritus que le muestran las consecuencias nefastas de su egoismo y avaricia. Afortunadamente la historia termina bien, él antipático viejo entra en razón, se da cuenta de que ha vivido de una forma equivocada, de que su filosofía de "sálvese quien pueda" no reporta nada bueno y lo que sí resulta beneficioso -incluso para él- es actuar de manera solidaria.
Y en estos tiempos la literatura se hace más presente que nunca y entendemos que miles de historias de pobreza, hambre, miseria y diferencias extremas no son sólo ficción. Pero afortunadamente siempre estaremos a tiempo de escribir nuevos capítulos.