Teoría literaria, actualidad cultural y uno que otro comentario personal, por Daniela Francis.
Literatura y algo más
sábado, 10 de diciembre de 2011
Primeras veces
La primera vez que me enamoré de un hombre mayor; 9 años, era mi profesor de matemáticas del cole, nos enamoramos, yo de él, y él de otra, la profesora de ciencias sociales. La primera escena de película que me impresionó: Simplicio, una película venezolana, tendía como 7 años, momento: cuando el niño protagonista resbala estampa la cabeza en las piedras de la playa sale un sangrero espeluznante y muere, creo que es lo más triste que he visto en mi vida, hasta hoy.
Primer libro que me hizo quererlos "Memorias de un burrito", tendría como 9 años, era un poco deprimente, porque se trataba de las desgracias que capítulo a capítulo tenía que vivir un burro que iba cambiando de dueños, pero curiosamente, me gustó. Primera película en la que me quedé dormida, 7 años aprox.,"La Guerra de las Galaxias", la primera que vi en mi vida, 6 años "Grease", me enloqueció, salí bailando. La primera vez que una ciudad me maravilló, me enamoró, Londres, cuando viví allí durante 2 meses y medio en 1994, a pesar de haber viajado duranre todo mi vida junto a mis padres, ningún sitio me había gustado tanto.
La primera vez que me enamoré de verdad, a los 19. La primera vez que soy realmente feliz junto a alguien -en plan pareja-, ahora. Nunca es tarde.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Bendecida
Bendecida por tus ojos, que me miran donde quiera que vaya; bendecida por tus manos, que me tocan llenándome de luz, bendecida por tu cuerpo, que se une siempre al mío, bendecida por tu sangre, que navega a través de mí.
Bendecida por tu voz, que oigo a través del repicar de campanas, bendecida por tus reinos, que no paran de enseñar las maravillas que han hecho otros por ti, bendecida por tu calor, que me arrulla cuando tengo frío. Bendecida para siempre y tú por siempre bendito en mí.
lunes, 29 de agosto de 2011
En el presente
Este es el último episodio de mi Capítulo "regresivo" en el blog. Ahora a dedicarme al presente, que tengo dos proyectos bastante verdes que debo hacer crecer y madurar. Mi último "episodio regresivo" es una canción de Evio di Marzo, un músico venezolano y su canción "¿De dónde viene tu nombre? que me gustaba cuando era adolescente.
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De dónde viene tu nombre,
Evio di Marzo,
Venezuela.
domingo, 10 de julio de 2011
Conjuros de amor: la magia de la literatura
No me gusta la literatura por sesuda, sino por mágica. El primer ejemplo que me viene a la cabeza es un párrafo de "El Guardian entre el Centeno" y una conversación entre el adolescente protagonista Holden Caulfield y su hermanita Phoebe cuando ella le pregunta qué le gusta, qué quiere, o qué espera de la vida (bueno no se lo pregunta así exactamente, pero esa es la esencia de la cuestión), y es ahí cuando la pluma mágica se Salinger escribe lo siguiente:
"-¿Te acuerdas de esa canción que dice,"Si un cuerpo agarra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno..."?
-Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno"- dijo Phoebe-. Es un poema. Un poema de Robert Burns.
- Ya sé que es un poema de Robert Burns.
Tenía razón. Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno". Pero entonces no lo sabía.
-Creí que era"Si un cuerpo agarra a otro cuerpo"-dije-[dice Holden]. Bueno, pues muchas veces me imagino que hay un montón de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo.Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo al que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardíán entre el centeno..."
No sé si fue en la época en que leí el libro, pero cuando llegó este párrafo a mí, me llevó a recovecos extraños y me hizo experimentar emociones muy intensas. Un parrafo sencillo, pero de una ternura y profundidad tal, que mas que una obra literaria me pareció un conjuro mágico de amor.
martes, 5 de julio de 2011
El poder de lo femenino o a favor de las niñas
Hoy tenía cosas que hacer. En vez de salir como una loquita (como diría mi madre) me puse guapa. Me enfundé un vestidito hindú de lo más bonito, con un escote y color rojo-fucsia, unas pulseritas, pendientes, anillitos, adornitos de pelo a juego y a la calle. No sé si era tanto que andaba un poquito más arreglada de lo normal o lo bien que yo me sentía, pero era como si mi feminidad fuera una varita mágica, fui al banco y había una cola enorme, me puse de última claro, pues cinco viejitos que eran los últimos de la cola, me querían ceder el paso, sonreí, di las gracias, y por supuesto me quedé en mi lugar.
Después fui a una tienda a comprar unos moldes para hacer unos helados bajos en calorías, pues tres cuartos de los mismo, cuatro cajas abarrotadas, la gente iba pasando por turnos, y yo estaba de última en una. De repente la caja que estaba más a la izquierda se quedó totalmente vacía y le tocaba pasar a la señora que estaba inmediatamente detrás de la primera de mi cola (yo era como la octava); pero el chico me hizo señas y me dijo sin voz "ven, ven, pasa", yo le decía sin voz "no, no, que le toca a la señora"-todo esto en fracciones de segundos- y al final vi que la de mi caja era una lenta y pensé "Mira, por primera vez en mi vida me voy a aprovechar de la varita mágica de la feminidad". Y me fui a la caja vacía, pagué, se lo agradecí y me fui.
No somos concientes del poder de lo femenino, o por lo menos yo no lo soy del todo. Recuerdo que la primera vez que un "hombre" me dijo que me quería tenía 4 años (yo y él).Todo empezó porque me habían puesto un traje rosa precioso, con un bordado "nido de abeja" en el pecho y yo que para aquel entonces no tenía el pelo liso sino unos bucles suaves preciosos corría por el césped de un lugar llamado "La Encantada", por el que pasaba un tren y un riachuelo, pero mientras corría me sentía la niña más guapa y más femenina del mundo con mi vestido rosa, y recuerdo que cuando paré de correr, se me acercó Pablo Andrés (así se llamaba), bueno se llama y me dijo: ¿"Daniela, tú me quieres"?, y a partir de ahí como era hijo de unos amigos de mis padres cada vez que me veía me preguntaba si lo quería, y yo muerta de vergüenza ante la burla de los mayores lo pateaba y me iba corriendo.
Años después nos lo encontramos mi madre y yo, se acordaba de mí, y por supuesto para nada recordaba que en algún momento yo hubiera sido femenina, porque lo único que tenía en la cabeza eran mis patadas; pero en mi defensa debo decir que él era bastante "pesao", poco oportuno y para su corta edad un tanto acosador.
viernes, 10 de junio de 2011
No es elegante estar desesperado
Desde que tengo uso de razón he estado un poco angustiada, me recuerdo a los siete años llorando de repente en medio de una clase silenciosamente sin más, porque la desesperación interna me carcomía, y la maestra se acercaba, y yo le decía que nada, que no me pasaba nada, que me dolía un poco la cabeza, y ella se lo creía y seguía dando su clase. Después llegó la adolescencia, los chicos, las invitaciones que no podía aceptar, las canciones que me gustaban y una que recuerdo en especial de "Hombres G", con una frase que decía "no tengo con quien bailar descalzo por Madrid".
Pues hoy en día Hombres G, Foucault, Montaigne y Vila- Matas me regalan una especie de revelación, primero, vuelvo a oir la canción de "Hombres G" y de nuevo siento la horrible desesperación de los 14 años; pero recuerdo las frases de Vila- Matas que leí hace unos días en su libro "París no se acaba nunca":
"Andaba por las calles de mi barrio como un triste fantasma y descubrí de pronto lo poco elegante que podía ser la desesperación (...) En otros días, andar como un fantasma me habría parecido muy elegante. Pero ese atardecer de agosto, al ver que en mi barrio de París ya no era yo nadie supe que clase de desastre tan grande se escondía en el interior de la "elegante" desesperación".
(...)
"Nadie nos pide que vivamos la vida en rosa, pero tampoco la desesperación en negro. Como dice el proverbio chino, ningún hombre puede impedir que el pájaro oscuro de la tristeza vuele sobre la cabeza, pero lo que sí puede impedir es que anide sobre la cabellera, decía Montaigne. Al comienzo de El Antiedipo hallamos está gran frase de Foucault: No creas que porque eres revolucionario debes sentirte triste" .
Hoy es viernes, busco la canción de "Hombres G" en "You Tube", la oigo, pero esta vez sin desesperación, sabiendo que sí tengo con quien bailar descalza por Madrid; y si no tuviera con quien, me tendría a mi misma, pues si miro dentro, me acompañan cientos de libros leídos, miles de personas conocidas desde el inicio de mi vida y mucho amor recibido y entregado. A veces el panorama es realmente negro, pero como dice Vila -Matas, no es elegante, (ni sano, esto lo digo yo), estar desesperado.
sábado, 2 de abril de 2011
Tabula rasa
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| Runa Teiwas |
Y además en paralelo y cual Björk en "Bailando en la oscuridad" le puse banda sonora a mi viaje, y en París encontré una letra que le iba al pelo a la situación, a mi nueva situación, la canción "Non, Je Ne Regrette Rien" de Edith Piaf:
" No, nada de nada,
No, no lamento nada
Ni el bien que me han hecho,
ni el mal. ¡Todo me da igual!
No, nada de nada.
No, no lamento nada.
Eso está pagado, barrido, olvidado.
¡Me importa un bledo el pasado!
Con mis recuerdos
hice una fogata.
mis tristezas, mis placeres,
ya no los necesito.
Barridos los amores
y todos sus temores
Barridos por siempre
comienzo de cero.
No, nada de nada,
No, no lamento nada
Ni el bien que me han hecho,
ni el mal. ¡Todo me da igual!
No, nada de nada,
No, no lamento nada.
Porque mi vida, mis alegrías
Hoy, todo eso comienza contigo! (sic)"
Así que soy una Tabula Rasa, espero vivir por lo menos otros 37 años más para poder redimir los anteriores que francamente han dejado mucho que desear.
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Teiwas
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