Teoría literaria, actualidad cultural y uno que otro comentario personal, por Daniela Francis.
Literatura y algo más
martes, 5 de julio de 2011
El poder de lo femenino o a favor de las niñas
Hoy tenía cosas que hacer. En vez de salir como una loquita (como diría mi madre) me puse guapa. Me enfundé un vestidito hindú de lo más bonito, con un escote y color rojo-fucsia, unas pulseritas, pendientes, anillitos, adornitos de pelo a juego y a la calle. No sé si era tanto que andaba un poquito más arreglada de lo normal o lo bien que yo me sentía, pero era como si mi feminidad fuera una varita mágica, fui al banco y había una cola enorme, me puse de última claro, pues cinco viejitos que eran los últimos de la cola, me querían ceder el paso, sonreí, di las gracias, y por supuesto me quedé en mi lugar.
Después fui a una tienda a comprar unos moldes para hacer unos helados bajos en calorías, pues tres cuartos de los mismo, cuatro cajas abarrotadas, la gente iba pasando por turnos, y yo estaba de última en una. De repente la caja que estaba más a la izquierda se quedó totalmente vacía y le tocaba pasar a la señora que estaba inmediatamente detrás de la primera de mi cola (yo era como la octava); pero el chico me hizo señas y me dijo sin voz "ven, ven, pasa", yo le decía sin voz "no, no, que le toca a la señora"-todo esto en fracciones de segundos- y al final vi que la de mi caja era una lenta y pensé "Mira, por primera vez en mi vida me voy a aprovechar de la varita mágica de la feminidad". Y me fui a la caja vacía, pagué, se lo agradecí y me fui.
No somos concientes del poder de lo femenino, o por lo menos yo no lo soy del todo. Recuerdo que la primera vez que un "hombre" me dijo que me quería tenía 4 años (yo y él).Todo empezó porque me habían puesto un traje rosa precioso, con un bordado "nido de abeja" en el pecho y yo que para aquel entonces no tenía el pelo liso sino unos bucles suaves preciosos corría por el césped de un lugar llamado "La Encantada", por el que pasaba un tren y un riachuelo, pero mientras corría me sentía la niña más guapa y más femenina del mundo con mi vestido rosa, y recuerdo que cuando paré de correr, se me acercó Pablo Andrés (así se llamaba), bueno se llama y me dijo: ¿"Daniela, tú me quieres"?, y a partir de ahí como era hijo de unos amigos de mis padres cada vez que me veía me preguntaba si lo quería, y yo muerta de vergüenza ante la burla de los mayores lo pateaba y me iba corriendo.
Años después nos lo encontramos mi madre y yo, se acordaba de mí, y por supuesto para nada recordaba que en algún momento yo hubiera sido femenina, porque lo único que tenía en la cabeza eran mis patadas; pero en mi defensa debo decir que él era bastante "pesao", poco oportuno y para su corta edad un tanto acosador.
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3 comentarios:
Hola!
Enhorabuena por el blog, está muy chulo.
Pues sí, no te quepa duda de que ese poder existe. Y bien que lo sabéis... Los tíos somos muy primarios, unos más que otros, desde luego. Yo a veces pienso que lo único que nos diferencia, a los chicos, digo, es un poco de educación. El que es burro se comporta como un burro y el que no, con el mismo objetivo, pues se comporta mejor.
ángel
Hola Daniela,
Me ha gustado mucho.
"El eterno femenino" que sirve de inspiración e influjo.
Está claro que los hombres nos rendimos ante la belleza.
Un beso,
Joaquín
Ángel: Jajaja, bueno chico, no seas malo con los de tu bando, invitaremos a Joaquín a que cuando tenga tiempo nos escriba un artículo en el blog como invitado que se llame:"EL poder de lo masculino o a favor de los niños". Un saludo ;), gracias por visitar el blog, pasaré a ver el tuyo.
Joaquín: Bueno consorte, ya sabes a ver cuándo tienes un minuto...uy...eso sí que está dificil, pero bueno, sino lo hacemos como siempre lo hacemos todo, en conjunto y cuatro manos. Un beso.
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