
Ayer,luego de salir del trabajo con la cabeza cargada, decidí repetir lo que últimamente hago para que me de el aire en la cara y así descansar el cuerpo por dentro y por fuera. Me fui caminando desde la calle Mateo Inurria (Zona de Plaza Castilla), hasta la estación de Nuevos Ministerios de la Calle Ourense. En el camino siempre me encuentro, en pleno Paseo de la Castellana, con la librería Crisol, así que entro a dar una vuelta sin más, pero ayer sucumbí ante la tentación, además de comprar el libro que le han publicado a una amiga (Carmen García Roméu), otro ejemplar me exigió, desde su portada burdeos y discreto tamaño, que me lo llevara en el acto.
Se trata del libro titulado "Carver y yo"; escrito por la viuda de uno de los mejores narradores del siglo XX: Raymond Carver (1938-1988). De más está decir que cuenta su vida junto a él, y es sencillamente exquisito...,aquí van algunas partes de ésta, mi nueva y pequeña joya. Tess Gallaguer -su viuda y también escritora-, comenta hechos como estos para describir su relación con Raymond Carver:
(...)"Hay un término científico que lo define: mutualidad. Nos ayudamos, nos alimentamos, nos protegimos el uno al otro y, lo que es más importante, en el sentido que le da Rilke a la expresión, protegimos y guardamos la soledad del otro. Siempre nos estábamos preguntando:¿Qué es lo que realmente importa?
Ray fue mi estímulo para escribir relatos y yo el suyo para sus relatos y sus poemas, poemas de los que logró extraer su propio equilibrio espiritual, porque en el momento de su muerte era, creo, uno de esos escasos seres purificados para quien,
como dice Tolstoi, el amor es la única respuesta. Disfrutó cada día la seguridad y el confort con que yo le halagué. Como dijo Simone de Beauvoir a las feministas que le pedían explicaciones por la devoción que sentía por Sartre: "Es que me gusta
trabajar en el jardín que está al lado del mío". Echaré de menos trabajar en ese jardín tan real y tan extraño, el jardín de Ray. Todo lo que yo haya hecho crecer en él me fue devuelto con el don de su interés por mi propio trabajo. Tras su muerte,
sólo he encontrado consuelo ordenando su último libro. En casa echo de menos su encanto, su risa. También su inagotable generosidad, porque era, antes que ninguna otra cosa, mi mejor amigo".
(...)
Una semana después de su muerte, estaba con un amigo junto a la tumba de Ray contemplando el Estrecho de Juan de Fuca allá abajo, cuando mi amigo recordó una frase de Rilke: "Y estaba presente en todo lugar, como la hora del atardecer". Termino ya con el último fragmento escrito por Ray:
¿Y conseguiste lo que
querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra. ".
Publicado en Granta (otoño, 1988).
Incluido posteriormente en el volumen Soul Barnacles (ten more years with Ray), The University of Michigan Press, 2000, y traducido recientemente al español y editado en la colección Miradas (Bartleby Editores).
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