
El primer encuentro que tuve con una obra de Darío Fo fue en segundo año de carrera
(1993), se trataba de la obra "Un día cualquiera", y además tuve que representarla para la clase, en esa época quería ser actriz, para mi suerte o desgracia he tenido un montón de aficiones. La obra me enamoró -literalmente- sentí una emoción y unos nervios al descubrirla mucho más afines al amor que a cualquier otra cosa.
Desde aquel lejano 1993 han transcurrido muchos acontecimientos, entre otras cosas en el 97 Dario Fo se ganó el premio Nobel de literatura, mientras yo recibía mi modesta licenciatura :). Nunca pensé que sería el escritor, quien después defenderia una de mis pasiones -nada valorada por muchos- a ojos de la sociedad: la lectura de las cartas del tarot. Y es que el mísmísimo premio Nobel de 1997 diseño todo un juego de cartas de este oráculo y escribió un libro que acompaña a las 78 barajas, abanderó este método por la importancia filosófica y espiritual que fue descubriendo en toda su simbología, y por la manera en la que contribuía, según su criterio, a la evolución espiritual y personal de cada individuo que quisiera acercarse a este método.
Soy conciente de que en el tarot como en muchas otras disciplinas hay farsantes, pero los que lo utilizamos como herramienta de ayuda y con seriedad no dejamos de estudiar ni un sólo día estas 78 cartas que de alguna manera representan todo el recorrido por el que pasa el alma humana desde sus inicios, hasta el fin del camino. A mí desde luego me ha ayudado una barbaridad, y hoy en día no sabría qué hacer si no lo tuviera involucrado en mi vida, no se trata de nada extraño, al contrario, se trata de ser capaz de ver lo esencial, ya que a veces es invisible a los ojos, como bien dice "El principito" de Saint-Exupéry.
Imagen: Cartas del tarot realizadas por Dario Fo.