
¿Dé qué será mejor morir? De hambre o de un ataque cardíaco. Vivimos en un mundo de extremos, o se está sin trabajo o se está con exceso de éste. Mientras que, por ejemplo, en España el desempleo ha subido por quinto mes consecutivo después de aumentar en 53.406 personas en febrero, quedando la tasa total en 2.315.331 parados; en Japón caen fulminados los trabajadores en sus oficinas a causa de muertes súbitas, a este fenómeno que cada día se va cobrando más vidas se le llama "Karoshi". Aunque suena a nombre de muñequito japonés, peludo y de ojos grandes, lo que significa literalmente es: "muerte por exceso de trabajo", y cada año son 10.000 las víctimas que lo sufren, sólo en Japón.
O sea que tenemos dos opciones: o literalmente te matas trabajando, o te quedas en el paro, y así algunos han encontrado una fórmula perfecta: 1 (una persona) trabaja como si fueran (3) y le pagan la mitad (1/2) de lo que sería un sueldo digno = ¡Todo son ganancias! Así que si unos trabajadores mueren de hambre y los otros de estrés ¿Qué más les da? Total, la plebe siempre ha sobrado, y ese no es su problema, ellos lo único que son capaces de ver es que sus cuentas corrientes engordan hasta explotar, ah no, se me olvidaba, los que explotan son los demás.
La muerte por karoshi es repentina y sobreviene por hemorragia cerebral o insuficiencia cardiaca o respiratoria, debido a un exceso de fatiga que produce alta presión y endurecimiento arterial. Las personas más propensas tienen entre 40 y 50 años, y más de la mitad son ejecutivos, empleados de oficina y funcionarios públicos.
Espero que el día de mañana si me encontrara a la niña de Rajoy, por nada del mundo tenga esta conversación, que por demás sería más que probable si la situación no cambia:
-¿Qué haces solita por aquí? ¿Cómo te llamas?
- Soy La niña.
-¿Y tu papi?
-Cayó fulminado como una mosca mientras trabajaba.
-¿Y tu mami?
-En la cárcel, como Jean Valjean, el de Los Miserables, por robar un mendrugo de pan, estaba en el paro.
- Ven a casa. Te ayudaré.
-No puedo, estoy en horas de trabajo. Y es mejor que se vaya, porque ahora en esta calle hay camaras que graban a la clientela.
Quien lo hubiera pensado, resulta que detrás de Candy-Candy, Heidy, Clarita y Picachu hay un montón de muertes pululando. No veré nunca más los dibujos animados. Y por favor, los de aquí de España, a votar este domingo, tenemos la esperanza de que las cosas vayan por mejor camino.
