Literatura y algo más














martes, 12 de febrero de 2008

La muerte de Harry



Según el hexagrama número 24 del I Ching, cualquier movimiento se lleva a cabo en seis etapas y la séptima es el retorno, por lo que el siete es símbolo de que se ha completado un período de tiempo.

J.K. Rowling (Bristol, Inglaterra, 1965),parece tener esta idea muy clara. El 21 de febrero saldrá a la venta en España el último libro de la saga del niño de gafas que la ha hecho multimillonaria.Muchos son los pequeños que reivindican la vida de Harry Potter, pero la autora lo tiene claro, ha llegado la hora de cerrar ciclo.

Leo una entrevista que le hace Juan Cruz a Rowling a propósito del séptimo libro de la saga y descubro que tras la escritora de Harry Potter, que muchos no consideran literatura -con o sin razón-, se esconde una mujer que es ferviente admiradora de Robert F. Kennedy y amante de la literatura de Scott Fitzgerald sobre el cual comenta: "Tuvo dos pesadumbres: la pesadumbre de su talento y su necesidad de crear y la de su vida privada, que era catastrófica". Actualmente sigue muy de cerca lo que está pasando en la política americana, pues comenta que la política exterior de Estados Unidos en los últimos años ha afectado, para mal, tanto a su país, como a España.

Nos gusta la visión que tiene de su personaje, y nos dice que éste sobrevivió porque fue fiel a sus convicciones, y gracias a ello venció a Voldemort (el malo de la historia). Llego a la conclusión de que está bien que los niños lean esta clase de mensajes, pues ya tendrán tiempo de sobra para descubrir que no siempre salen triunfantes los que son fieles a sus creencias. Así que ¡Larga vida a Harry en la mente de los niños!, aunque éste ya haya muerto.

Arriba: Foto de J.K. Rowling.

1 comentario:

Unknown dijo...

Cada día me sorprendo por los descubrimientos tan atractivos y sugerentes que encuentro en tu blog Daniela. El hexagrama de I Ching es fantástico, completamente nuevo para mi y me impulsa a investigar sobre todo lo que hay alrededor de él.

No siempre triunfan los que son fieles a sus creencias, estoy de acuerdo con esta afirmación, sin embargo la derrota de los que no son fieles a sus convicciones es la locura de los que les siguen y de ellos mismos, y, al final, tarde o temprano, no hay nada que se esconda que permanezca oculto para siempre, y los que creen haber triunfado pueden encontrarse al otro lado de la delgada línea roja, perdiendo el paraíso. Entonces su triunfo habrá sido fútil.