
"Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo siento en mi pecho un vacío devorador que sólo calma el calor de tu cuerpo abrazado al mío". Así comienza "Carta a D." , del filósofo André Gorz (Editorial El arco de Ulises), un libro atípico en el que el autor, a través de una carta a su esposa, reflexiona acerca de qué es lo verdaderamente importante y qué es lo que nos hace subsistir. Aunque como decía Faulkner en sus "Palmeras Salvajes": "Toda la humanidad que ha pasado por los mismos trances apenas significa nada, porque nadie puede decir qué hacer para subsistir". Pero en mi opinión Gorz nos da las claves en su libro -a pesar de su final-: lo recomiendo.
A través de las ciento diez páginas de "Carta a D.", Gorz nos lleva por su vida de filósofo, escritor y esposo, y cuando echa la vista atrás se da cuenta de que lo único que en verdad ha merecido la pena entre fama, libros, trabajos excelentes, ha sido lo vivido junto a Dorine, su esposa: "Algo fundamental nos era común, una especie de herida originaria". Ambos colaboraron intensamente el uno con el otro durante toda su vida. Hay una parte que me encanta en la que el autor dice algo así como: "La gente decía que éramos obsesivamente atentos el uno con el otro". Me maravilló leerlo, ojalá fueran de esa naturaleza tan bondadosa todas las obsesiones.
Anécdotas interesantes hay docenas en este libro: ellos construyeron con barro su propia casa, el uno salvaguardaba el trabajo del otro en todas las áreas, en fin, una pareja desde mi punto de vista, ideal. El final es un poco triste, Dorine estaba muy enferma y sufría de dolores insoportables, y en el año 2007 se suicidaron juntos en su casa de Vosnon, en Francia. Pero lo vivido nadie se los quita, "Qué viva los novios" -no se me vaya a mal interpretar, no estoy haciendo apología del suicidio, el viva es porque se hicieron muy felices-. Y éste es un pequeño homenaje a André y a Dorine, de una venezolana en Madrid, unas líneas dedicadas a un astríaco y a una inglesa que ahora están por allí, en su propio París.
Arriba: Foto de André Gorz, junto a su esposa Dorine.
11 comentarios:
me encanta la fuerza poética que le pones a tus reflexiones
un abrazo
Una relación -la de Dorine y André- ejemplar, Daniela. Una relación cuya prioridad fue CONSTRUIR. Muchas gracias por esta entrada. Tomo nota del libro.
Un gran abrazo,
Patricia
Esta, es la larga historia, de un gran amor anhelado y codiciado por toda pareja de enamorados cuando se prometen amor eterno , un poema de amor y de sueños que perdura en el tiempo, aun después de dejar la existencia en este mundo.
Ojalá seamos dignos de alcanzar tanta belleza y bondad en nuestro corazón para entregarlo sin esperar más que amar.
Gracias Daniela.
Besos!!
Gracias a tí ,he disfrutado este pequeño libro con inmenso contenido; Dorine y André demostraron tener un mundo en común con aspectos diferentes que los enriquecían,edificaron entre los dos un mundo protegido .En el Amor,a pesar de ser diferentes lo interesante es la riqueza de la vida en común , vivir el presente y no posponer la existencia para más tarde.
Está bien hacer de una ciudad tuya, suena estupendamente lo de " en su propio París". Bellas palabras las que dice de su mujer.
Un besito!
"Acabas de cumplir ochenta y dos años y has encogido cuatro centimentros, no pesas más de cuaranta y cinco kilos y sigues siendo bella..." No había leído una carta de amor tan redonda nunca. Gracias, Daniela por esa lente privilegiada que ve más allá de las cosas, y me las acerca.
Eso es crítica literaria y no la de los suplementos
Por supuesto que lo leeré.
Besote
Amor en libertad: Gracias por tu visita :), y por tus palabras.
Patri:Así es Patri:), Construir, creo que es la idea más importante que nos deja este libro: Colaborar los unos con los otros mientras construimos en conjunto. Gracias a ti por la visita, te veo el lunes!
Joaquín: Perduraremos en el tiempo...y cuando seas viejecito escribiré la "Carta a J" :).
Ángela: Gracias a ti, por tomar en cuenta mis palabras. Un besito.
Alu: Bienvenido a este pequeño mundo. Gracias por tu comentario ;).
Carmen: Qué cosas más bonitas me dices, con lectoras como tú, ¿Quién no se anima a escribir?Un abrazote.
Una pone la vida en lo más alto de sus ideales y, de repente, te cuentan una historia que quiebra esa confianza.
Una preciosa entrada.
Besos.
Leo! mantengamos la confianza en la vida como máximo ideal! Son historias, trágicas, bonitas también, pero lo más importante no se nos puede olvidar. Un abrazote y gracias como siempre, por tus palabras, por tu visita.
Ya había oido hablar de esta obra. Pero ahora voy a meterla en mi lista de futuribles, bien marcada.
Ese "una especie de herida originaria" es simplemente... no hay nada más bonito que oír hablar del verdadero amor a una persona mayor. Lo hacen de forma calma, sin los aspavientos y trucos que nos caracterizan a los jóvenes cuando lo hacemos (hablar de ello, me refiero :)
Un saludo!
Hola Chema, qué alegría verte por aquí, es verdad lo que dices acerca del amor y los mayores, a mí también me produce mucha ¿calma, ternura, admiración? o quizá todo eso junto al oir a algunos hablar :).
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