Literatura y algo más














miércoles, 19 de noviembre de 2008

Fermín Mendigo



Miércoles, seis y cuarenta y cinco de la mañana, calle Bilbao de Madrid, una de las más céntricas de la ciudad. Tirado en el suelo envuelto entre suciedad y telas veo a Fermín, o por lo menos así lo llamo dentro de mí. Fermín Mendigo, como le he puesto de apellido, está intentando resguardarse dentro de la cabina de un cajero, pero sale torpe y desorientado, ante los insultos de algunos que quieren sacar dinero.

Voy hacia el metro, soy una más en medio del reguero, me dan un periódico en la entrada, de esos gratuitos, tan en auge, y veo un titular “Según un estudio del Ayutamiento el 10% de los mendigos de Madrid son licenciados”. Me pregunto qué habrá en la cabeza de Fermín, e imagino que quizá ecuaciones aprendidas en la facultad de geología se enmarañan con el dolor de estómago y la angustia al tener que inventar -un día más-, estrategias más difíciles que cualquier cálculo matemático para poder encontrar, un trozo de algo que se pueda mascar.

Me monto en el metro, y el zumbido del arrancar del tren me hace recordar cómo habrá sido el posible pasado de Fermín, veo a un montón de chavales apiñados en el vagón con sus mochilas de universitarios, y me pregunto cuál habrá sido el estilo del chico de antaño, cómo habrá sido su risa. Su declive. Qué pasó con los demás que le rodeaban. Su familia. Sus amigos. La respuesta es fácil de saber. Basta con verlo para suponer qué fue de ellos. No estaban, desaparecieron.

Paso por mi asidua ruta matinal, otra vez, al día siguiente, a pesar del frío veo a Fermín en la intemperie, lee un libro, le tomo una foto con el móvil a lo lejos, para que no vea que lo hago, “no sólo de pan vive el hombre” dijo Él hace más de dos mil años, pero tampoco vive sólo de ideas, ni de historias. Fermín Mendigo, quién te vio y quién te ve. La rueda de la fortuna parece que, cuanto menos, te ha arrollado.

Hoy paso nuevamente por la calle Bilbao, no hay rastro de ti. Oigo la sirena de una ambulancia, la asocio, “Un Mendigo”, me digo. Rechazo la idea, mi mente va hacia otro lugar. Hacia un campo, una familia, respiras aire puro y siembras trigo, un niño corre, te besa, te levantas, lo coges en brazos, ha cambiado tu apellido, ahora simplemente eres Fermín.

11 comentarios:

Unknown dijo...

Hola, desgraciadamente va a haber muchos más "Fermines Mendigos" cada vez. Y como muy bien dices Daniela, yo también cuando los veo me pregunto “cuál habrá sido el estilo del chico de antaño, cómo habrá sido su risa. Su declive. Qué pasó con los demás que le rodeaban. Su familia. Sus amigos. La respuesta es fácil de saber. Basta con verlo para suponer qué fue de ellos. No estaban, desaparecieron”.

Pero me digo, algunos de los que desaparecieron, hoy les toca vivir la misma experiencia que a Fermín Mendigo, y, TAL VEZ SI NO LE HUBIERAN ABANDONADO A SU SUERTE, hoy tendrían donde apoyarse.

El 10% licenciados, pero otros tantos diplomados, con estudios medios, y otros tantos que son profesionales excelentes o lo fueron, y así podemos seguir. ¿Por que les olvidaron? ¿Por qué les siguen ignorando? Mañana pueden ser ellos quienes requieran de ayuda, pues como muy bien dices, no solo de pan vive el hombre pero si no se come o se cobija una persona, no creo que pueda tener mucho tiempo para otras cosas...

Podríamos mirar a nuestro alrededor, a ver si hay alguien, que en breve se le bautice como Fermín Mendigo. Nos está llamando, pero nuestros oídos quedaron sordos por nuestras importantes actividades de cada día...



Me ha encantado TU POST Daniela, tu relato-ensayo-crónica-artículo.
ES EXCELENTE, MUY BRILLANTE, EN TODO. PARA DESLUMBRAR A MUCHOS, AUNQUE A OTROS LES PASARA como a los cercanos de Fermín Mendigo, seguirán muy ocupados....

Bienaventurados los Fermines Mendigos...por que ellos...verán...

Un beso,
Joaquín

caminante dijo...

ayer leí un "hermoso" relato de como fueron desahuciado un grupo de indigente de un lugar x. Resulta que ellos se apiñaban allí y en la noche dormían en los bancos que adornaban el lugar. También de día ellos se oficinaban en esta especie de ombligo existencial. El ayuntamiento y un grupo de estratégicos quitaron los bancos. Simplemente quitaron los bancos. Dos días después no había por allí ninguno de ellos. Aun no pienso mucho en ello, pero hay una realidad en este acto...
Huir. Parece que huyen, pero nos topamos con su mirada. Con sus "casas" y con sus carritos de supermercado y sus cochecitos de antiguos niños...Su abultado y desnudo equipaje y toda la espesura del paisaje que no deja de ser un reflejo del nuestro...

Lispector dijo...

Joaquín: Muchas gracias por tu profundo comentario, mi cielito.Estoy de acuerdo con lo que dices de los Fermines mendigos. En cuanto al relato-artículo-artículo o lo que sea,la principal belleza está en los ojos de quien la mira: en ti, mi amor.

Caminante:La verdad es que yo estoy contigo, huyen, pero ¿Cómo no van a huir si un día encendieron a una viva en una cabina de cajero electrónico en Barcelona? Esa chica, por ejemplo, había sido secretaria de dirección de una empresa importante. Así que volvemos a comprobar nuestra teoría, demos a gracias -yo particualrmente se las doy a Dios- y valoremos todo lo que tenemos, porque nadie está excento.Un saludo :).

carmen dijo...

Yo también me preguntaba qué habría sido de la vida de los sin techo. Ahora lo sé, conozco a uno. Tuvo su vida, su colegio y su familia. Falló su cabeza. A veces escucho una frase. Que no nos suceda todo lo que podemos soportar. Es mentira, una patraña, no podemos soportar mucho, nos rompemos en mil pedazos, y cuando sucumbimos se nos aparta como infestados.
Qué bien volverte a encontrar, Daniela. Hacía tanto que no me aconsejabas lecturas.
Un besote

Ana Vázquez dijo...

Hola! Interesante personaje Fermín, debe de haber muchos por ahí, con o sin estudios pero forman parte de la sociedad y son "historiables" (se pueden hacer historias sobre ellos?. Me gusta la descripciçon y eso de ponerle apellido.


Un besito.

leo dijo...

Me ha encantado, Daniela. Me ha gustado mucho.
Un besote.

Anónimo dijo...

Hola Daniela,
no sé si con esta crónica-relato inauguras una nueva sección en tu blog... pero ojalá que así sea. Creo que es una buena idea, porque a veces nos olvidamos que detrás de las noticias, de toda la información, de todas las estadísticas hay personas, hay vidas y no meros datos.
Un gran abrazo,
Patricia

Lispector dijo...

Carmen: Hola Camercita, qué alegría saber de ti, la verdad es que a mí esa frase también me deja perpleja, creo que en ocasiones si soportamos muchísimo, pero en otras -que no son pocas- nos derrumbamos, es como Virgina Woolf cuando estuvo escribiendo la Sra. Dalloway, buscaba que un personaje de esa novela se suicidara, por algo que aparentemente no tenía importancia, y es que así es la vida, a lo mejor después ya de mucho dolor, el hecho más irrelevante es la gota que colma el vaso y hace a la gente sucumbir de inmediato.

Lispector dijo...

Alu: Hola Alu, es verdad, si uno echa un vistazo con atención nos damos cuenta de que casi todo es "historiable". Un abrazo.

Leo:Gracias Leo-Leoni, yo pienso que es una texto algo triste, pero creo que por lo menos nos obliga a mirar a los más indefensos. Un besito.

Patri:¡Hola Patri!qué bueno verte por aquí, qué tal va todo, estoy medio desaparecida porque el trabajo y las gripes invernales no me dejan demasiada tregua. Espero verte antes de la navidad ¿Qué tal si hacemos una cenita algún viernes de diciembre y hacemos un intercambio de libros? O sea, como un amigo invisible o algo así, pero con libros, bueno, ya lo hablaremos con calma. Un abrazote.

Unknown dijo...

Hola Daniela...hoy llegamos del norte después de compartir con Lily,sus hijos y Lali quien vino de Boston...todo muy bien...sobre Fermín mendigo he quedado muy impactado por tu narración,,,sale a flote tu gran sensibilidad espiritual y social...mientras lo leía me vino a la mente el argumento de una muy antigua película mexicana,llamada DIOS se lo pague.....el tema es sobre un hombre millonario,que se transformaba en mendigo varios días de la semana...la gente se extrañaba de sus desapariciones...por cierto,en su casa y su empresa se hacían grandes fiestas..al principio aparecía como anfitrion...luego desaparecía y ya con apariencia de mendigo,se apostaba a las puertas de su casa o su empresa y allí oia todos los comenterios que se hacíán y allí se reflejaba la hipocrecía de los que decíán eran sus amigos,socios e incluso hasta familiares...bueno el tema es apasionante y complejo....sería interesante saber si alguna universidad a través de estudios y tesis de grado tenga trabajos sobre el tema y que presenten posibles entrevistas con estas personas...de existir es una buena fuente de indagación de lo que sucedio y en que entorno social se presentó esta situación.....

Lispector dijo...

Hola Antonio, muchas gracias por tu comentario. Feliz Navidad y un próspero año nuevo!!!