Teoría literaria, actualidad cultural y uno que otro comentario personal, por Daniela Francis.
Literatura y algo más
miércoles, 16 de octubre de 2013
El piano navegante
Tengo un piano navegante, estuvo conmigo desde los ocho años hasta los dieciséis, cuando lo dejé, supuestamente de manera provisional mientras terminaba el bachillerato. No volví a tocar una tecla, el piano me gustaba, pero no estaba "enamorada" de él, no era una verdadera vocación.
Años después el piano vino en barco a casa de mis sobrinas desde Caracas a Madrid, mis padres lo enviaron; me lo imagino entre marineros, como los de Moby Dick, atravesando el atlántico, para llegar a otro continente tan diferente al de"él".
Y es que para mí el piano era "él", mi compañero de juegos, de soledades, reflexiones, descubrimientos, me enseñó un espectro de sensaciones que de otra manera hubiera sido inalcanzable para una niña, y supongo que a partir de ahí, me hizo tener o me hizo ser "al más puro estilo musical". Comencé a admirar lo suave, lo sutil, a captar los matices de las cosas, incluyendo el de las personas, moldeó en mí una sensibilidad o ¿hipersensibilidad? que hoy en día agradezco, aunque no sé si me beneficia o perjudica.
Pero a lo que voy, el piano navegante tenía un gemelo, de exacta hechura y marca, en el que recibía clases en el Conservatorio. Mi profesora me decía que por qué no tocaba con más fuerza, y yo le respondía, que el piano, su piano, el piano, se parecía mucho al que había en mi casa, y que después de tantísimas horas al día de estar con "él", eso de "golpearlo", no sé, como que no podía.
La profesora empezó a llevar pegatinas a clase como premio, y por cada lección que hacía bien me regalaba una; eran unas pegatinas de autoayuda, consistían en una serie de animales de todo tipo; por ejemplo, la primera que me dio era de una foca que jugaba con una pelota, y de manera circular le rodeaba un mensaje que decía "Nunca te rindas".
Cuando vi las pegatinas me quedé "a cuadros", y pensé, "algo no va bien", y a día de hoy creo que sé lo que le pasó a la pobre mujer por la cabeza. Seguramente al ver que yo sentía compasión por el piano habrá pensado: "Dios mío, a esta niña los espartanos la hubieran echado a los tiburones, como siga así, durará dos telediarios". No es que las pegatinas me hayan cambiado demasiado, pero le agradezco el gesto y la intención.
Ya no me lamento por el piano, ni siento compasión por "él"; pienso que ha navegado y que ha vivido una bonita aventura. Ya nadie lo toca, pero creo que quizá necesite un descanso, ya ha cumplido su función en la vida de más de uno. Hacia allá vamos todos.
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4 comentarios:
Es una bonita historia, Daniela, ese piano atravesando el océano...
También toqué el piano hace tiempo. Ahora cuando voy a casa de mis padres lo acaricio, lo miro: no me atrevo a arrancarle sonidos, como si con mi dejadez y mi olvido lo profanara.
Quién sabe, puede que algún día lo retomemos, ¿no?
Hola Daniela, es una emotiva y hermosa historia, que nos enseña muchas cosas y otras nos las hace recordar. Porque a veces se nos olvida que arte, belleza, amor, cariño, amistad, sensibilidad, son lo que nos permite soñar y también vivir con ilusión. A veces lo olvidamos y subsistimos y soportamos la existencia, y, otras veces nos arrebatan todo eso, porque lo único importante es triunfar, a costa insensibilizarnos y alejarnos de lo que nos hace sentir y emocionarnos.
Imagino que para “el piano” fueron los ocho años más bonitos de su vida. Estoy seguro de que no te olvidará, jamás, y siempre estará contigo, aunque físicamente esté privado de su lugar y de su alma gemela.
Un beso!!
J.
Daniela qué ilusión volver a verte por aquí.
Te entiendo perfectamente, yo tocaba la guitarra y la olvidé. Fueron años románticos en los que me desahogaba tocando canciones tristes. Me ha comprado una para regresar a todo aquello pero ya no puedo, ni siquiera me acuerdo de cómo se afinaba, Ni tampoco deseo "que me odian sin medida ni clemencia," ni tengo "vint ans" ni nada por el estilo. Aquello murió como muchas otras cosas y dejo hueco para otras.
Un beso muy fuerte
Hola Carmen, soy Daniela -es que me ha cambiado no sé qué el nombre de usuario-. Qué alegría leerte. No sé por qué el comentario necesitaba de moderación y es hoy cuando lo he visto. Me encanta volver a saber de ti. Te envío otro blog que empecé hace como tres semanas http://depresionenpsiquiatrico.blogspot.com.es/.Es una especie de experimento, a ver si te gusta. Un beso, amiga. Me pasaré por tu amanecer.
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